
La inteligencia artificial generativa ya está presente en numerosos entornos de trabajo. Puede ayudar a resumir documentos, preparar comunicaciones, ordenar información o elaborar primeros borradores. Sin embargo, utilizar estas herramientas sin unas reglas internas puede exponer datos de clientes, trabajadores o proveedores.
La solución no consiste en prohibir la inteligencia artificial, sino en implantarla con criterio, control y responsabilidad.
Qué tareas puede facilitar
En una pyme o despacho profesional, la IA puede emplearse como apoyo en tareas como:
- Preparar borradores de correos y documentos.
- Resumir normativa o documentación extensa.
- Clasificar consultas y solicitudes.
- Crear guías internas y materiales formativos.
- Automatizar respuestas administrativas sencillas.
- Detectar información pendiente en determinados expedientes.
La IA puede aumentar la productividad, pero sus respuestas no siempre son correctas. Por eso, nunca debería sustituir la revisión de un profesional, especialmente cuando el resultado pueda tener consecuencias fiscales, laborales, jurídicas o económicas.
El principal riesgo: compartir información confidencial
Introducir en una herramienta pública una nómina, un contrato, una declaración tributaria o un expediente sin anonimizar puede implicar la comunicación de datos personales y confidenciales a un tercero.
Antes de utilizar un servicio de IA, la empresa debe conocer dónde se almacena la información, durante cuánto tiempo se conserva y si puede utilizarse para entrenar o mejorar el sistema. También debe comprobar las condiciones contractuales y las medidas de seguridad del proveedor.
La AEPD recomienda mantener un inventario de las herramientas autorizadas, limitar el tratamiento de información sensible y evitar que los empleados introduzcan datos en sistemas no aprobados por la organización.
Cómo establecer una política interna
Una política de uso de IA no necesita ser interminable. Debe responder, al menos, a estas preguntas:
- ¿Qué herramientas están autorizadas?
- ¿Para qué tareas pueden utilizarse?
- ¿Qué información no puede introducirse?
- ¿Quién revisa los resultados?
- ¿Cómo se notifican los errores o incidentes?
- ¿Qué formación deben recibir los usuarios?
También conviene clasificar los casos de uso según su riesgo. No es lo mismo pedir una propuesta de título comercial que generar una respuesta basada en información fiscal identificable de un cliente.
Autorización, formación y revisión humana
Desde febrero de 2025 son aplicables determinadas disposiciones del Reglamento europeo de inteligencia artificial, incluidas las relacionadas con la alfabetización en IA. La Comisión Europea destaca la necesidad de que las personas que utilizan estos sistemas cuenten con conocimientos adecuados.
Esto requiere formación práctica: reconocer información confidencial, formular consultas seguras, comprobar las fuentes y detectar errores. Todo contenido que vaya a enviarse a un cliente o incorporarse a un documento profesional debe ser validado por una persona responsable.
Tecnología al servicio del criterio profesional
Bien implantada, la inteligencia artificial puede ahorrar tiempo y mejorar procesos. Pero necesita reglas, herramientas empresariales apropiadas y supervisión humana.
El objetivo no debe ser automatizarlo todo, sino utilizar la tecnología para dedicar más tiempo al análisis, la atención y el asesoramiento personalizado.
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